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El Infierno de Romano: Toluca campeón otra vez

Auténticamente fue una cosa del Diablo. Así contarán en Toluca y en el resto del país la historia de la décima estrella escarlata. En el Nemesio Díez el santo vivió un infierno; ardió en llamas Rubén Omar Romano y su valeroso equipo, incapaz de torcer los designios caprichosos y crueles de Satán.

Luego de haber sido mejor en la serie y de haber ambicionado más el triunfo incluso en el campo de los Choriceros, las fuerzas del mal le cambiaron el rumbo lógico a la final del Bicentenario 2010, arrebatándole de las mismísimas manos la gloria al equipo de La Comarca, que tras igualar 0-0 el partido de vuelta y 2-2 en el global, cayó 4-3 en una de las series de penales más loca que se recuerden.

Siendo claros, Santos Laguna fue más y mejor que Toluca. Mostró más ambición tanto en la ida como en la vuelta, tuvo las mejores ocasiones de gol, y hasta su portero atajó más penales que el rival en la serie definitiva, pero el campeonato se tiño una vez más de rojo, por séptima ocasión en la Era de los torneos cortos, y por segunda con José Manuel de la Torre en el timón.

Fue la definición, en 12 ejecuciones desde el manchón final, la que resultó apasionante y hasta desquiciante. Los mal llamados “volados” desquitaron el valor del boleto pagado. Sólo lo ocurrido en esa suerte hizo que mereciera la pena aguantar largos y hasta tediosos 120 minutos de mucho calor, gran misterio y algo, muy poco, de futbol.

En el tiempo regular, más allá de algunos lances meritorios de los guardametas, Talavera y Sánchez, el juego discurrió sin soltar adrenalina. No parecía, ni por ritmo ni por intensidad, que hubiera un trofeo en juego. Hasta en los tiempos extra, cuando el cansancio en la mayoría de los futbolistas ya era evidente, los que vistieron de blanco y verde mostraron más empeño y voluntad.

Eso sí, a la hora de los despilfarros, también empataron. De un lado Matías Vuoso, que ingresó como relevo, abanicó una inmejorable ocasión de marcar, luego de un desborde de Oribe Peralta y dejó ir la más clara del juego en un momento crucial. También Héctor Mancilla, tras un gran pase de Sinha, erró al disparar mordido y débil un balón en el que hubiese bastado un remate casi de rutina para impedir la intervención de Oswaldo Sánchez.

En el duelo de los porteros, lo más destacado del juego, Talavera ganó por escaso margen. El portero del Toluca inició la tarde con una sublime tapada a un disparo de Oribe Peralta y la cerró atajándole el penal definitivo a Fernando Arce. Con esos dos lances hizo inútiles las estiradas, también notables, de su ex compañero Sánchez, que se dio el lujo de contener dos penales, a Sinha y Mancilla, y pese a ello acabó la tarde repleto de amargura.

Más allá de las ridículas pifias de Matías Vuoso –que tuvo la peor tarde de su carrera- la victoria del opaco Toluca se convirtió en tragedia sobre todo para Rubén Omar Romano.

Oswaldo ya había tapado penales a Sinha, que lo intentó ejecutar como Zidane en el Mundial, y a Mancilla. Por eso Matías Vuoso pensó tal vez en meterle a la pelota toda su furia y disponerse a celebrar. El mexico-argentino erró feo, pues su disparo se fue fuera y por mucho. El rostro de Romano empezó a llenarse de cicatrices viejas. Luego las peores sospechas se fortalecieron cuando Carlos Adrián Morales nuevamente con la opción de acertar para llenarse de gloria, tampoco fue capaz de si quiera darle dirección de puerta a la pelota, y el acabose llegó cuando a Fernando Arce le contuvieron su disparo; el llanto cubrió la cara de un hombre que ya ha perdido cinco finales (tres de Liga y dos de la Concacaf) pero que jamás había merecido tanto del triunfo definitivo.

Publicado en La Crónica de Hoy






Empate con sabor a nada

Con un intenso abucheo, el Estadio Jalisco, que ahora sí pobló todas sus tribunas, despidió la noche de un amargo 0-0 en el que Guadalajara y Pumas se enredaron en uno de esos partidos en los que nadie goza, ni los propios jugadores.

Si bien la patria potestad del encuentro la tuvo de cierta manera el ordenado equipo de Ricardo Ferretti, su planteamiento nunca insinuó la verdadera pretensión de acabar de una buena vez con ese largo ayuno que le aparta del triunfo en el campo de las Chivas desde 1982.

Con mucho control defensivo, y un pulcro trabajo en mediocampo, Pumas supo maniatar a un adversario que nuevamente lució desangelado, pero entre conformista y temeroso, no se animó a más. Ofendió sólo a pelotazos, y apostó como mucho a una escapada de Pablo Barrera –esta vez muy bien vigilado- en la dinámica de un juego que siempre apestó a empate, salvo error ajeno, y acabó aburridamente alargando para la eternidad una racha dolorosa que el cuadro universitario no podrá romper, si como parece el Guadalajara se muda en unos meses a su nueva casa.

Y si el técnico brasileño arriesgó poco, como es su costumbre, en el otro banquillo a José Luis Real tampoco le brotó hidalguía. Desde el armado inicial de su equipo, en el que incluyó a Edgar Solís y mandó a la banca a Adolfo Bautista, quedaba claro que la propuesta del Rebaño sería más conservadora, que la fea caída en Chiapas requería una vuelta de tuerca para volver a las bases y que la movilidad de los Pumas le preocupaba en exceso.

Con esa especie de respeto mutuo el juego se volvió pesado casi desde su principio. Muchos pases al compañero, casi ninguno al hueco, estupendas y multitudinarias coberturas defensivas, un continuo trabajo de pressing en la franja media del terreno de juego, y un resguardo absoluto del balón aún en zonas donde el atrevimiento es necesario, fueron neutralizando el ímpetu de los jugadores y el entusiasmo de una afición que se quedó con hambre de gol, y hasta urgido de emociones.

Ni siquiera hubo aproximaciones constantes. Por ahí Chivas estuvo cerca del gol tras un tiro de esquina y una mala salida de Sergio Bernal que fue salvado por un rechace forzado de Martín Bravo sobre la línea de gol.

Una buena pared de Dante López con Efraín Velarde también permitió a éste colocarse ante las barbas de Luis Michel, al que casi sorprende pero por lo malo de su remate. Eso fue lo mejor del primer tiempo; en el segundo, apenas se apuntó algún aislado disparo de Efraín Juárez inquietó un arco contrario, y sólo una posible falta de Marco Palacios sobre Javier Hernández, que de existir se dio afuera del área penal, causó cierta algarabía en la gente.

Y para que pasara algo seguramente hubiera sido necesario que los dos futbolistas más talentosos del duelo, Pablo Barrera y Javier Hernández estuvieran en el mismo equipo y pudieran acompañarse; pero tan aislados y vigilados, cada una de sus intervenciones sucedieron lejos del arco enemigo y murieron antes de provocar verdaderos desequilibrios o desacomodos en líneas rivales.

En cambio, sí hay que valorar a un par de futbolistas destacados, las palmas se las llevaron Darío Verón y Héctor Reynoso, quienes estuvieron activos, atentos y más que correctos para dotar de gran seguridad a ambas defensivas; pero lo que estos zagueros pueden ofrecer a la tribuna, evidentemente no alcanza y los abucheos no condenaron la falta de esfuerzo –porque sí lo hubo y en cuotas abundantes- sino la escasa ambición de triunfo o si se prefiere el terror a la derrota.






La misma chiva…pero revolcada

Las Chivas estuvieron cerca de los 3 puntos. (Foto: Mexsport)

 

Ni con nuevo entrenador Guadalajara levanta el orgullo; en el último minuto un gol de Tomás Campos le dio a Indios un justo empate a dos goles

 Justo de pies a cabeza. Nada más apropiado que un empate para “premiar” el duelo entre la más caótica directiva de la Primera División y el peor equipo del Apertura 2009. En juego disputado “de poder a poder”, con abundantes pifias defensivas y ofensivas en ambos arcos, Chivas e Indios igualaron a dos goles ante un desolado graderío en el Estadio Jalisco, que sigue vaciándose de gente y acostumbrándose a los abucheos.

Ni siquiera la visita del rival más débil, ni la abrupta salida de Raúl Arias, vendida como la solución a todos los males del equipo, evitaron una nueva decepción del Rebaño Sagrado, que dejó escapar dos ventajas y dos puntos que le mantienen, a falta de apenas un par de citas en el torneo regular, marginado de la Liguilla

Una magistral ejecución de tiro libre de Tomás Campos, en el tercer minuto agregado del tiempo de reposición, provocó tremenda molesta en Jorge Vergara, quien estuvo presente en un palco del estadio para ver a su equipo, y no pudo ocultar la irritación por el agónico empate, que puede costarle quedar fuera de la Fase Final por tercer torneo consecutivo.

Para colmo, el polémico dueño del Guadalajara ahora no tiene  ni a quien correr, aunque tal vez le acabe pasando la factura a José Luis Real por haber realizado un cambio defensivo en los últimos minutos, cuando el entrenador en turno decidió sacar del campo a Omar Bravo para meter a Aarón Galindo buscando defender la victoria con uñas y dientes, pero demasiado replegado en su área.

De entrada la alineación del Guadalajara pareció copiada de la lista de anhelos de Vergara. Volvieron a ella Alberto Medina y Ramón Morales , salieron del equipo Galindo y Ponce, y en teoría se podía ver un esquema mucho más ofensivo.

Eso y un cambio de actitud en algunos futbolistas –que penosamente no ocultaron su beneplácito por el cese de Arias- dieron la sensación en el inicio de que Guadalajara había recuperado de golpe su memoria futbolística.

Apenas a los cinco minutos, el Guadalajara parecía enderezar de golpe todo el rumbo de un pésimo torneo. Alberto Medina marcó el 1-0 luego de que un pase cruzado de Ramón Morales se paseó por toda el área de Indios, hasta llegar intacto al otro lado del área por donde pasaba el“El Venado”, que sin nadie que lo incomodara abrió la cuenta del partido superando la estirada inútil y tardía del arquero Humberto Hernández.

Sin embargo, en la siguiente jugada pudo el cuadro de Juárez empatar el juego,pues una muy buena pared dejó al camerunés Alain N´Kong de cara al marco de Michel, ante el cual falló un gol de manera increíble.

Fue el primero de varios avisos que exhibieron pobreza a borbotones, de una desastrosa defensa del Guadalajara y del inofensivo ataque de Indios, que en el Jalisco anotó la mitad de los goles que sumó en las 14 fechas previas.

El empate ya era necesario para retratar la voltereta que había dado el partido, en el que los visitantes ya más asentados empezaron a tener más tiempo la pelota. Por eso, no fue sorpresivo que a los 28’, el uruguayo-mexicano Héctor Jiménez anotara con la cabeza el 1-1 luego de otro grosero despiste defensivo de los Rojiblancos.

El mismo Giménez pudo anidar otro balón dentro del arco de Luis Ernesto Michel los 37’, en los minutos en los que mejor jugada el equipo visitante.

Pero la falta de puntería del equipo de Treviño dejó intacto el 1-1 y para peor, antes del descanso, a los 44’, el defensa del Guadalajaar Jonny Magallón, completamente solo dentro del área de los fronterizos, le pegó de manera un tanto extraña a la pelota y la mandó al fondo del arco de Hernández; a simple vista fue un golazo, aunque la sinceridad del jugador, unos minutos después, avalara las sospechas: el jugador había intentado centrar y la pelota no fue obediente.

Pudo haber aumentado la cuenta Chivas, pues a los 85’ Javier Hernández, que exageró un leve contacto en el área, “inventó un penal”, con la complicidad del árbitro José Alfredo Peñaloza, que no subió al marcador ya que “El Chicharito”, que ya había fallado dos claras opciones de gol, erró el penal, que fue bien adivinado por Humberto Hernández.

Y sobre el final, peleando con gallardía aunque pocos recursos futbolísticos, Indios rescató un merecido empate (2-2) gracias a un zurdazo implacable de Tomás Campos.






América alcanza su perfección

Ver para creer. América 7 Toluca 2. El marcador parece extraído de una fábula que podría titularse algo así cómo: “El futbol, en el país de las maravillas”. Con personajes extraños y situaciones absurdas el balón ofreció este domingo un nuevo acto de magistral evasión  de la realidad.  Sólo así se puede entender que un América en etapa de gestación caricaturizara de manera tan sublime, y a la vez grotesca, al Toluca, que lleva al menos unos 15 meses siendo el equipo más sólido, ordenado y regular del futbol mexicano.

El caso es que una sobredosis de inspiración colectiva convirtió este domingo a plena luz del día, y ante cerca de 85 mil espectadores,  al Club América en algo parecido al FC Barcelona. Se desconoce aún sí esta súbita metamorfosis marcará la pauta a seguir del equipo de Televisa, pero su inesperada aparición regaló una memorable fiesta a miles de seguidores americanistas que llevaban varios meses pepenando ratitos de buen futbol y ayer gozaron una experiencia multi orgásmica, sobre todo durante los primeros 45 minutos de un partido que desde muy pronto dejó de serlo para convertirse en un recital.

Jesús Ramírez tendrá derecho otra vez a pensar que la perfección existe y que no requiere de ensayos previos.  Su equipo, aunque había ganado sus anteriores tres partidos, no le había avisado al mundo que estaba cerca de vivir un domingo repleto de magia y fantasía, y justo ante el rival que se presumía más temible.

Que haya que acudir a la Era Beenhakker para encontrar una referencia del América anotando siete o más goles en un partido de Liga deja ver lo extraño y a la vez inolvidable que resulta la paliza propinada por este nuevo América. Con gran tino y una brutalidad despiadada, Cabañas y compañía fabricaron un marcador tan memorable como su exhibición, salpicada de genialidades irrepetibles, de chispazos de divinidad.

Pavel Pardo enseñó el camino cuando muchos aún no se acomodaban en sus asientos. Si el juego hubiera sido transmitido en un cine, el 1-0 habría sido eventualmente tapado por los créditos. El fuerte y lejano derechazo del veterano se metió en el arco de un sorprendido Hernán Cristante y empezó a demostrar que casi cuanto intentara el América tendría éxito, como las metáforas de un gran escritor en su novela cumbre, todas dando en el blanco, justo en el centro, hasta aquellas que parecieron escribirse solas.

Con gran velocidad y una definición que no parecía tan certera, Enrique Esqueda –ayer disfrazado de un futbolista superior- lograría superar la salida de un apurado pero lento Cristante para marcar el 2-0 a los 21’, tras una combinación a toda velocidad que empezó a mermar la confianza de la defensa mexiquense, la cual se vino definitivamente a pique cinco minutos más tarde cuando un gran contragolpe americanista, vivido a velocidad extrema, culminó con un gran servicio de Montenegro perfectamente mandado al fondo de las redes por Salvador Cabañas. Fue el tercero a los 26 y la pupila de los ojos empezó a dilatarse asombrada.

Tal vez un poco sobrado, el Toluca haya creído por un momento que aquello había sido producto de una combinación de accidentes, y que sería cuestión de decidirse para meterse de lleno al partido e imponer el status quo. Pero no. Antes del descanso, el chileno Jean Beausejour forzó con otra estupenda jugada individual el autogol de Romagnoli a los 36’ y a los 45’ nuevamente Cabañas anidaría sin problemas el 5-0, que provocó tanta incredulidad en el verdugo como en la víctima.

El segundo tiempo lo afrontó el Toluca con más coraje que dignidad. Se lanzó al ataque desesparadamente, casi con furia, buscando hacer simplemente más decoroso el marcador. Y en esas andaba, pues un rebote afortunado y un penal permitieron a Héctor Mancilla poner un 2-5 menos doloroso.

Aunque el América ya no fuera el mismo, y no tuviera ganas de ensañarse con el rival, un mal rechace de Hernán Cristante,  dejó la pelota a merced de Daniel Montenegro, que desde muy lejos, casi la calzada de Tlalpan, y con la confianza de saber que el día era perfecto, selló su primer gol en México con un disparo que encontró resguardo en el marcador y un sitio permanente en la memoria. Los americanistas seguían viviendo un sueño, y Andrés Chitiva, que por fin tuvo tres minutos para mostrarse, también quiso apuntar su apellido en la ficha de un partido que tendrá una larga vida. Tras realizar un recorte, y con la pierna derecha, la más inhábil en su caso, el colombiano selló el definitivo 7-2.

La paliza pudo ser aún más cruel con el equipo de José Manuel de la Torre; pero Salvador Cabañas falló un par de ocasiones de esas que normalmente no desperdicia; hubiera sido un marcador aún más escandaloso, aunque estaba de más. La fiesta del alarido que se vivió en el Azteca tenía elementos suficientes para dejar un carrusel de sensaciones y vibraciones que aún retumban en el corazón de los adictos a la pelota. La noche que caía con disimulo en los pasillos del Azteca invitaba a seguir la fiesta aunque la cercanía del lunes tumbaba esos proyectos. Además había que estar bien despierto en la mañana para ver la tabla general y creer que el América ocupa el liderato de la competencia, y que no fue un sueño –o pesadilla, para muchos otros, sobre todo en Toluca- la gran exhibición de futbol, vértigo y contundencia ofrecida por el equipo de “Chucho” Ramírez que ha superado con honoris causa el examen profesional de candidato al título que representaba enfrentarse al Toluca. Aunque ahora habrá que ratificarlo semana a semana, o lo sucedido hoy habrá sido tan increíble y extraordinario como repentino y fugaz…






Mínima pero justa victoria de los Pumas en el juego de ida

Un gol de Dante López le dio a la UNAM una victoria merecida (1-0) pero tal vez insuficiente para llevar una ventaja importante a Pachuca, en donde se definirá el título el próximo domingo.

Contra toda lógica futbolística ?si es que esta en realidad existe- Pumas ganó con total justicia al mejor equipo del Clausura 2009, el Pachuca, y hasta la ventaja de 1-0 pareció desnutrida con la diferencia que en el campo de juego se gestó entre ambos, sobre todo en los primeros 45 minutos de la Final.
Después de haberse prodigado en ese primer lapso, de haber ofrecido algunos de sus mejores minutos durante en presente campeonato, Pumas no supo agrandar una ventaja que si bien tal vez no debió ser definitiva pudo ser mayor. Lo que queda claro, a la luz del húmedo encuentro protagonizado anoche en CU, es que Universidad Nacional labró una victoria totalmente justa, aunque pareció conformarse con ella, en el segundo tiempo, cuando el juego moría en el Pedregal e invitaba a pensar en un final universitario aún más feliz y redondo.
Siendo francos y fríos, al equipo de Ricardo Ferretti le faltó malicia o vehemencia. El caso es que una vez que asumió la ventaja, y como ocurrió en varios juegos este año, no mostró el hambre necesaria para agigantar esa distancia con más convicción frente a un adversario completamente abrumado y desconocido, el cual pasó una muy mala noche en CU, pero pese a todo, regresará a casa con la sensación de que, su mal desempeño general, no le ha condicionado totalmente su futuro, ya que sólo tiene que remontar un gol de desventaja, lo que parece muy poco para ser, en una final tan pareja y abierta, lapidaria.
Desde la alineación inicial Pumas dejó en claro que apostaba por la paciencia. Elegir a Palencia y Toledo en lugar de Bravo y Barrera era todo un mensaje de intenciones del ?Tuca?: el partido había que trabajarlo desde el desgate físico antes que desde el talento y el desequilibrio individual.
Y lo que son las cosas, justamente dos de los titulares que fueron elegidos para arrancar el partido por su derroche energético, por su fuerte pressing, por su facultad para jugar sin pelota, más que por su habilidad o profundidad, acabaron retratando su sudoroso empeño en el marcador. A los 21, Palencia, con gran inteligencia y sabia calma habilitó a Toledo tras haber recuperado un balón perdido por Correa, y el frontal disparo de David forzó un rechace al centro de Miguel Calero, portador de otro uniforme tan espantoso como el lucido en las etapas previas, que fue muy bien aprovechado por el paraguayo Dante López, muy fallón en la Liguilla pero certero a la hora buena, para darle a los 21? el 1-0 a favor de los universitarios y subir al marcador el único gol del primer capítulo del desenlace del Clausura 2009.
Pudo haber anotado un segundo gol el cuadro universitario, pero ni Palencia ni Íñiguez estuvieron certeros, y la actitud del cuadro del pedregal en el segundo tiempo fue poco ambiciosa, como esperando que el Pachuca, que empezó a tener más tiempo la pelota, adelantara líneas y se lanzara por el empate dejando espacios en su defensa, lo que en realidad jamás sucedió.
Cabe destacar que ante el pletórico estadio Olímpico Universitario, que lució lleno y cálido pese a una intensa lluvia en el inicio del juego, no fue bien recibido el trabajo del árbitro Francisco Chacón, quien no tuvo un trabajo parejo, pues su criterio fue dispar a la hora de sacar las tarjetas amarillas. Perdonó amonestaciones más que evidentes a Damián Álvarez y Carlos Gerardo Rodríguez, ambas antes de la media hora, y en cambio sacó una preventiva muy rigorista a David Toledo en su primera falta, marcando una pauta desigual que se agudizó cuando avaló un fuera de lugar inexistente, al menos de Ismael Íñiguez, quien acabó disparando a gol y anotando lo que parecía el 2-0, cuando los hombres que estaban adelantados en realidad no participaron en la jugada.
A Chacón, siendo claros, le faltó personalidad, y prueba de ello es que no se animó a sacar una tarjeta amarilla a los tuzos sino hasta los 83?, cuando Rodríguez, que llevaba varias faltas, casi obligatoriamente se ganó la amonestación, en un acción en la que en realidad debió haber sido expulsado. Luego, de manera muy cobarde, el joven juez, otra vez presumiendo falta de personalidad, se guardó otra amarilla cuando Muñoz Mustafá le hizo una entrada muy fuerte a Castro a las afueras del área.
Otro apellido a destacar en la noche fue el del veterano Sergio Bernal, quien con 39 años a cuestas, se lanzó con gran elasticidad y dignidad para evitar el empate a los 65, instantes en los que un derechazo de Damián Álvarez parecía colarse en su marco, pero su manotazo evitó el 1-1.
Al final, a Pumas y a su entrenador, les faltó un poco de convicción para retratar su superioridad con más claridad en el marcador. El 1-0 supo a poco y aunque la imagen del Pachuca fue mezquina, un gol, el próximo domingo, puede cambiar el rumbo de todo un campeonato.

Un ejemplar Palencia
Fueron 82 minutos. El veterano pudo haber anotado un gol pero su control de balón no fue el adecuado cuando le sirvieron una pelota interesante dentro del área penal, en el primer tiempo, y se le alargó demasiado. Pero más allá de ello, por carácter, temperamento y vigor, la entrega de Juan Francisco Palencia fue ejemplar. Hoy, a los 36 años, y pese a que su labor a veces es más de sacrificio que de lucimiento, sigue siendo factor en los mejores momentos de su equipo, y un hombre fundamental para acrecentar las posibilidades de unos Pumas que no parecen un mejor equipo y más viable campeón que antes del inicio de la Final del Clausura 2009.






Lo dicho: Pumas con la suerte del campeón

Un gol a los 89? del paraguayo Darío Verón salvó a la UNAM de la eliminación y dejó sin premio al valiente Puebla del ?Chelís? que contra todos los pronósticos ganó 2-1 en CU

Pese a perder (1-2) en casa, mostrar poco futbol y regalar muchísimo sufrimiento, Pumas está otra vez en la Final gracias a esa manía de convertir los últimos minutos de sus partidos en maravilloso realismo mágico. Esta vez fue un cabezazo de Darío Verón, a los 89?, el que causó el impactante estruendo de un rugido de miles de fervorosos pumas que hicieron temblar la tierra, aún en el rocoso subsuelo del Pedregal, pues representó el 3-3 en el marcador global, que le da al cuadro universitario el pase a la Final del Clausura 2009 por su mejor posición en la tabla general.
Tal vez el sistema sismológico de la UNAM haya registrado ese movimiento telúrico creyendo que se trataba de una réplica del sismo que un día antes sacudió velozmente a la Ciudad de México y venía desde Tehuacán, justamente en Puebla.
Pero el epicentro esta vez se ubicó en el Estadio Olímpico Universitario, en el que más de 50 mil seguidores de los Pumas, saltaron invadidos de un virus jubiloso capaz de borrar de la mente y del alma 88 minutos miserables y tortuosos en los que los pupilos de Ricardo Ferretti se llevaron un tremendo y muy desagradable susto.
Este sismo, a diferencia del registrado el viernes pasado, sí fue devastador en Puebla, en donde miles de aficionados vieron como se derrumbaba el sueño de vivir una Final en el circuito estelar del futbol nacional por primera vez en 19 años.
La tarde de este sábado no sólo ofreció esos contrastes con el resultado final; también fue contradictorio todo el partido, en el que no se ahorraron sobresaltos desde el primer minuto, y en el que la valentía, el atrevimiento y el buen futbol del Puebla, que contó además con el tempranero auxilio del árbitro Marco Rodríguez, tenía las tribunas de CU al borde del colapso y la depresión. Pero en la agonía, como ocurriera la semana pasada ante Tecos y dos veces en este mismo torneo frente al Puebla, llegó el gol que lo cambió todo, en un suspiro, y para siempre.
Sólo habían transcurrido dos minutos del juego, cuando dos jugadas, una en cada portería, dejaron claro que el duelo no sería un simple trámite y que lo sucedido en Puebla, en la ida, no tenía porque ser definitivo.
Pudo haber ?matado? al Puebla el paraguayo Dante López, quien groseramente solo, apenas al minuto 1, despilfarró ordinariamente una jugada que debió haber sido gol. El delantero guaraní, que ha tenido un torneo desastroso ante el marco rival, no atinó con el arco poblano a su entera disposición, a pesar de haber tenido tiempo y espacio suficiente para fusilar a un resignado Jorge Villalpando.
Y sesenta segundos más tarde, cuando Sergio Pérez se tiró en el área puma tras disputar un balón con Jehu Chiapas, el siempre impredecible juez Rodríguez Moreno decidió marcar un inexistente penal que el mismo ?Cherokee’ cambiaría por gol engañando totalmente a Sergio Bernal.
A raíz de ese tanto, Puebla que había salido al campo con descaro y vehemencia, empezó a confiar aún más en sus posibilidades. Le quitó la pelota a Pumas, y sin desesperarse, comenzó a buscarle la cara a Bernal, al que volvería a vulnerar a los 29?, cuando Santiago Fernández le bajó una pelota a Daniel Osorno para que éste, desde muy lejos, le pegara fuertísimo con la zurda y la mandara a guardar en el arco de los Pumas, gracias también a la tardía reacción del veterano guardameta de la UNAM, que tocó el balón pero no evitó que este se colara en su meta y decretara el 0-2 que convertía en realidad lo que parecía ficción, y apenas iba media hora de cotejo.
Para entonces, Pumas, aún sin jugar bien, ya había tenido en los pies de Ismael Íñiguez otra clara opción de marcar, y antes del descanso, Martín Bravo estuvo a punto de hacerlo, pero su derechazo fue bien salvado por Villalpando.
Para el inicio del segundo tiempo, el cuadro de José Luis Sánchez Solá se empezó a echar para atrás y parecía tener controlado el partido, ya que los embates de los Pumas acababan casi siempre con predecibles centros al área, y los relevos, Palencia primero y Toledo y Cabrera después, no habían surtido el efecto deseado, ya que el desarrollo de las jugadas universitarias se volvió lento, pausado, irritantemente parsimonioso.
La mala noticia para los visitantes, en ese lapso, fue la salida por lesión de Duilio Davino, bastión de la defensa poblana, que para los últimos 20 minutos del juego se quedó sin otro referente fundamental para defender el juego aéreo, que ya había sufrido la baja, por suspensión, de Alejandro Acosta.
Pumas lucía entonces completamente desconcertado, fallaba pases sencillos, tocaba el balón intrascendentemente en tres cuartos de campo, de un lado para otro, buscando inútilmente huecos y movimientos de sus delanteros, entre los que el cansancio de Bravo y de López era más que evidente y la falta de variantes también.
Pero un enésimo servicio al área, y cuando el equipo universitario ya lucía un tanto desesperado, encontró finalmente a un compañero solitario, Darío Verón. El paraguayo se había sumado definitivamente al ataque sin saber que tenía una cita con el destino.
Cabeceó una pelota y al meterla en el arco poblano, introdujo también a los Pumas en la Gran Final y desató una locura colectiva en CU tan abrumadora y brutal que el mismo Ricardo Feretti, gruñón empedernido, acabó celebrando alocadamente como no lo hacía, probablemente, desde que hace muchos ayeres, para ser exactos, el sábado 22 de junio de 1991, día en el que incrustó un sublime derechazo en el ángulo de la cabaña de Adrián Chávez y le dio a los Pumas su tercer título, y seguramente el más festejado de la historia del cuadro estudiantil.
Ferretti, con los ojos llorosos, esperó el silbatazo final para fundirse en un intenso abrazo con José Luis Sánchez Solá, al que parecía pedirle perdón por haberle robado la ilusión a él y sus pupilos, quienes luego de jugar un gran partido durante 88 minutos se quedaron sin la Final en un parpadeo, y regalaron esa opción a unos Pumas que a los tumbos y todo, se las han ingeniado para superar escollos, para sacarle provecho a los yerros contrarios y hacerlo con el dramatismo suficiente para impregnar de heroísmo una Liguilla en la que no ha sido brillante pero ha sabido ser letal en los momentos oportunos, y con ello darle intensas alegrías a una afición que ha sufrido siempre hasta el último minuto, pero que ha terminado gozando como pocas veces.

EXPRIME PUMAS LOS ÚLTIMOS MINUTOS?
Esta serie semifinal hubiera tenido un rumbo completamente diferente si los dos partidos hubieran durado sólo 89 minutos y no 90. Esos 60 segundos han sido cruciales, ya que de no existir los juegos hubieran culminado con un empate a un gol en Puebla y con un triunfo de 2-0 del equipo del ?Chelís? en CU, y por ende el global de 3-1 hubiera clasificado con claridad al cuadro poblano a la Final. De hecho Pumas le repitió la agónica y dolorosa dosis al Puebla en cada una de sus tres citas en el Clausura 2009, torneo en el que le anotó seis veces, y cuatro de esos tantos se lo hizo entre el minuto 89 y el tiempo de reposición, ya que en la fecha 13, cuando se enfrentaron en CU, la UNAM le anotó dos goles, por conducto de Barrera y Palenciaen los minutos 90 y 91. El miércoles pasado, en el Cuauhtémoc, Pumas le volvió a hacer daño al cuadro de La Franja gracias a un remate con la testa de Marco Palacios a los 90? y ayer, otra vez en Ciudad Universitaria, el equipo del ?Tuca? volvió a aguarle la fiesta al Puebla, esta vez a los 89? gracias a otro cabezazo, ahora de Darío Verón.

DARÍO VERÓN, EL HÉROELas vueltas del destino suelen ser tan caprichosas en el futbol como en la vida misma. El defensa paraguayo Darío Verón, un hombre con experiencia, lo sabe de sobra. Pudo ser el villano en la serie de los Cuartos de Final ante los Tecos, pues en el juego de ida, en Zapopan, tuvo una de las peores actuaciones que se le recuerden desde su llegada a México en el 2003. Cometió un absurdo penal, que permitió a Rodrigo Ruiz marcar el 0-2, y agredió absurdamente a Jorge Zomogilny, lo que tras revisar el video le costó un partido de suspensión de parte de la Comisión Disciplinaria. Sólo 10 días más tarde fue el hombre más felicitado por sus compañeros, y el responsable de hacer estallar eufórico el Estadio Olímpico Universitario, pues con el décimo que anota en México, y el primero que hace desde el 1º de noviembre de 2008 cuando le anotó a las Chivas en el Estadio Jalisco, introdujo a los Pumas a otra Final, la cuarta para el guaraní con la playera azul y oro, a la que ha defendido en 214 partidos de Primera División.






Con el azar de su lado, Pumas se acerca a la Final

Cuando el empate a un gol parecía afortunado para los Pumas en el Cuauhtémoc, un cabezazo de Marco Antonio Palacios a los 92′, le dio la victoria de 2-1 a quien menos parecía merecerla.

¿Será la suerte del campeón?. Puede ser?lo cierto es que los Pumas de Ricardo Ferretti acabaron ganando en Puebla un partido (2-1) que estuvieron a punto de perder. Es la ruleta rusa del futbol que anoche le dio groseramente la espalda al valiente e intrépido equipo del ?Chelís? o si se prefiere dio continuidad a una de esas rachas que reflejan un ?karma? inexplicable. El caso es que la UNAM, que se preocupó más por no perder que por ganar, llegó felizmente a 16 juegos seguidos sin caída ante La Franja, lo que sin duda se debe, al menos, a una urgía de coincidencias en la que confluyen energías que no necesariamente tienen relación directa con la justicia deportiva o los méritos aparentes.
Con la agónica victoria de 2-1, Pumas dio un paso importante a la Gran Final, pues obliga a su intenso contrincante a ganar en CU por dos tantos de diferencia el próximo sábado.
Anoche, ante un pletórico Estadio Cuauhtémoc, los visitantes, incapaces de mostrarse superiores mientras tuvieron un hombre más en el campo, parecían haber tenido a la caprichosa suerte de su lado aún cuando el marcador contaba un empate a un gol, y el tanto de Marco Palacios, casi en el último suspiro del partido, fue ganarse la lotería con un billete encontrado sin dueño en la calle.
Y es que antes de que el ?Pikolín?, un empedernido y optimista guerrero que no se deja vencer ni siquiera por sus propias carencias, le pusiera su nombre a esta historia, a los 87?, el veterano Sergio Bernal, cómplice del gol poblano en el amanecer del juego, había dado un salvaje manotazo salvador para desviar un potente disparo de Álvaro Ortiz, quien con un zurdazo letal estuvo a punto de darle el triunfo al Puebla; la estirada del arquero ?veinteañero? lo evitó de manera impresionante. Todavía unos segundos después, el delantero uruguayo del Puebla Álvaro González, al que le urge una limpia en Catemaco, aprovechó otra siesta de la defensiva puma, para conectar una pelota que milagrosamente pegó en el travesaño y no se coló en el marco de los universitarios, dejando incrédulos a miles de poblanos que sentían que el 1-1 era un inmerecido castigo, antes de imaginar lo que sucedería poco después.
La noche había comenzado, como una semana atrás contra Monterrey, muy favorable para el cuadro de José Luis Sánchez Solá. Un increíble gol del uruguayo Alejandro Acosta a los 12? en una nueva jugada a balón parado, había exhibido las carencias de la defensa que presumía ser la mejor o al menos la menos vulnerada del certamen.
Como si de un gol en contra se tratara, a los 33? Puebla sufrió un duro golpe cuando justamente su héroe de las últimas semanas, Acosta, se fue a las regaderas por clavarle, tras un despeje, los tachones en la espalda al delantero paraguayo Dante López, inédito toda la noche.
Esa expulsión mermó durante un buen rato el entusiasmo y el funcionamiento del cuadro local, que no perdió la compostura por que otro defensa, Duilio Davino, el mismo al que hace dos años en el América lo llamaban ?acabado?, ?lento? y ?ladrón? y al que invitaban al retiro, se desempeñó con tal brillantez que parecía cubrir la ausencia del hombre expulsado.
Media hora más tarde el partido se empató en tarjetas rojas, antes de que se igualara en el marcador. Efraín Juárez, se hizo tontamente expulsar por Francisco Chacón, al pegarle un torpe e innecesario codazo a Sergio Pérez, que pretendía sorprender desde su campo.
Diez minutos más tarde, con un toque sutil y suave, Martín Bravo había emparejado los cartones y parecía sentenciar un empate acorde a las circunstancias del juego, pero el Puebla se negó a ?pactar? ese resultado, se empeñó en ganar el juego y acabó, sin quererlo, perdiendo el partido y dejando la eliminatoria muy favorable para los Pumas, a los que el azar les ha abierto una brecha clara rumbo a la Final que podría ser transitada el próximo sábado.

DIEZ GOLES DESDE LA BANCA
El gol del argentino Martín Bravo, que ingresó al campo a los 56? y anotó a los 74?, es el décimo que marca un jugador relevista de los 24 que llevan los Pumas en el Clausura 2009 y el tercero de un futbolista que ingresó de cambio en el segundo tiempo, de cuatro goles que ha anotado el cuadro azul y oro en la presente Liguilla, en la que ya Palencia y Toledo, se hicieron presentes ante la UAG el sábado pasado. Antes de ello, Fernando Morales frente al Necaxa en la fecha 1, Dante López frente a Tigres y San Luis en las jornadas 8y 9, David Toledo también frente a los Gladiadores en la 9, Pablo Barrera y Juan Francisco Palencia contra el Puebla en la fecha 13 y Juan Carlos Cacho contra Chivas en la 14, se retrataron en el marcador a pesar de ingresar al campo sólo en los últimos minutos. Estos datos dejan ver que o Ricardo Ferretti es un genio a la hora de planear los cambios, o es muy poco inteligente a la hora de elegir a los once titulares.






El miedo triunfa en el Azteca

Ante unas 70 mil personas, América y Pumas le pusieron muchas ganas para neutralizarse y escaso atrevimiento para hacerse daño en un partido en el que se impuso el miedo a perder

En un partido de poquísimas emociones, mucho nervio, escaso ritmo e innumerables faltas e interrupciones, América y Pumas desaprovecharon una nueva oportunidad de agradar a una multitud de 80 mil espectadores y enorgullecer a sus fieles y últimamente lastimadas, aficiones, protagonizando un sordo empate a cero goles, que para colmo, pareció dejar satisfechos a ambos entrenadores.
Y es que a Jesús Ramírez y Ricardo Ferretti queda claro que los sentimientos o los anhelos de los seguidores de sus equipos no les son demasiado relevantes. Por eso plantearon un encuentro pensando primordialmente en evitar el error, en neutralizar al adversario y en no perder. En ese sentido, sus planes se cumplieron, ya que trenzaron a sus equipos en una disputa en la que ninguno quiso correr riesgos. Y aunque ambos clubes parecían querer trasladar la pelota rápidamente a campo contrario, ello no era con afanes ofensivos, sino más bien con la idea de alejar el balón, y con ello el peligro, lo más posible de su propia portería. Prueba de ello, es que difícilmente profundizaron el juego o exigieron a los dos porteros, que en toda la tarde tuvieron sólo una situación, cada uno, en la que fueron exigidos; Bernal en el primer tiempo, cuando con el talón evitó que el zurdazo de Edgar Castillo se colara entre sus piernas y en su arco, y Ochoa en el segundo lapso, cuando salió valientemente a taparte un zurdazo a quema ropa a Fernando Morales, que tapó dolorosa pero oportunamente con el vientre.
Por cierto, ambos zurditos, Castillo y Morales, fueron los únicos futbolistas que mostraron el atrevimiento necesario para desequilibrar al rival y ponerle un poco de pimienta ala cita; el resto de sus compañeros se esmeraron casi siempre en pos de recuperar la pelota y después lo único que querían era no perderla otra vez.
A las intenciones de ambos equipos, inundadas de temores, no les ayudó en absoluto la labor de Roberto García, que una vez más, en un partido grande, se quedó corto. El juez central fue cómplice de un partido demasiado tijereteado y en el que mañosamente sólo aplicó tarjetas con rigor en la recta final del encuentro, cuando ya había perdonado infinidad de golpes. Para colmo, el central interrumpió el partido muchas veces para marcar faltas inexistentes, incluyendo una a los 21? de Dante López sobre Juan Carlos Valenzuela, en la cual fue cruzado por su auxiliar, y se evitó el gol de los Pumas, que seguramente hubiera propiciado un cambio de discurso en ambos contendientes y un juego mucho más entretenido.
En el cierre del juego, desde la banca Jesús Ramírez mostró, tal vez tardíamente, que tenía un poco más de ganas de ganar el partido que su homologo, al meter a Beausejor por el defensa Ismael Rodríguez, y refrescar el ataque con el ingreso de Esqueda y Chitiva en lugar de Reyna y De Pinho. Ferretti en cambio, como es su costumbre, realizó dos tipos de modificaciones, unos para aguantar defensivamente el final de la cita (como introducir a Toledo por Íñiguez y a Palencia por López) y otros simplemente para perder tiempo, como cuando a los 90? se le ocurrió cambiar a Morales por Barrera.
Que las mayores preocupaciones de los dos equipos fueron controlarse mutuamente queda de manifiesto al advertir que el mejor futbolista del encuentro fue el zaguero paraguayo Darío Verón, cuya actuación fue extraordinaria reduciendo a su mínima expresión el potencial explosivo de Salvador Cabañas, imponiéndose con gran autoridad en sector defensivo y hasta animándose a irse al frente de vez en cuando, antes de ser regañado por Ferrerti por rebasar la línea que divide el campo.






En Caracas bajaron de la nube a las Chivas

Tal vez se trate de un nuevo abuso de Hugo Chávez, que le expropió el gol a las Chivas, apenas al arribar al Aeropuerto Internacional de Maiquetía Simón Bolívar, o simplemente los once goles anotados en dos juegos hayan embriagado de soberbia al Guadalajara que creyó equivocadamente tener ante sí a otro rival digno de ser goleado.
El caso es que en la capital de la República Bolivariana de Venezuela el Rebaño interrumpió abrupta e inesperadamente su festín goleador y recibió toda una cátedra de humildad, entrega y buen futbol de quien menos se lo esperaba. Con absoluto merecimiento el Caracas FC se impuso 2-0 a las Chivas, y contra todos los pronósticos se colocó en la cima del Grupo 6 de la Copa Santander Libertadores al llegar a seis puntos, por cuatro del equipo mexicano, tres del Everton y uno del Lanús, equipos que hoy se enfrentan en Viña del Mar..
Fue muy poco y muy pobre lo ofrecido por los Vergara boys en Caracas. Cierto que no ayudó el campo de juego, flojo e irregular, al futbol de toques rápidos que pretendió realizar el Guadalajara, aunque tampoco fue un aliado del Caracas, por lo que el trámite del encuentro fue enredoso y turbio durante buena parte del primer tiempo, en el que ninguno de los dos equipos pudo claramente gobernar el partido.
Pero de a poco, los venezolanos empezaron a tener llegadas más claras al marco adversario. Por ejemplo, a los 25? Luis Michel tuvo que emplearse a fondo para evitar un golazo de Rafael Castellín, veterano delantero venezolano que bailó en la misma jugada a Reynoso, Araujo y Galindo, se coló al área y pretendía con un buen disparo meter el balón en un ángulo.
Luego, en la última jugada del primer tiempo el partido sufriría su desequilibrio inicial, producto de una acción de coraje exuberante. Un tiro de esquina mal rechazado por la defensa del Guadalajara, que dejó la pelota muy centrada, le cayó de cara al marco al zaguero Javier Gómez que con tremenda potencia acribilló primero a un defensor y tras el rebote favorable al propio Luis Michel que aunque alcanzó a contener el segundo intento, dejó la pelota a expensas del recién ingresado Jaime Bustamante para que éste la introdujera finalmente en el arco del Rebaño: 1-0 y a descansar.
En el arranque del segundo tiempo el mexicano Rodrigo Prieto, que exitosamente milita en el Caracas, tuvo a su merced a las Chivas y no supo liquidarlas, al definir de manera displicente una inmejorable ocasión de anotar frente a Luis Ernesto Michel, como si la sangre de su abuelo, Max Prieto, otrora jugador de las Chivas, le hubiera impedido traicionar al club de sus amores.
Pero poco después, a los 50?, Darío Figueroa desbordó con gran facilidad a Jonny Magallón, y definió con un derechazo inapelable ante el atribulado arquero chiva.
El cierre del encuentro dejó ver a unas Chivas desordenadamente buscando reaccionar y a un Caracas FC con poco tino para aprovechar los generosos espacios dejados por el equipo de Efraín Flores, que tuvo una noche para el olvido, o para el recuerdo, de que también la abundancia, mal manejada, termina siendo peligrosa.

Estadio Olímpico de la UCV
CARACAS FC 2-0 CHIVAS
1-0: Jaime Bustamante a los 45?
2-0: Darío Figueroa 50?

CARACAS FC
25.- Renny Vega
19.- Giovanny Romero
3.- José Manuel Rey
(5.-Jaime Buscatamante 40?)
2.- Deivis Barone
4.- Gabriel Cichero
16.- Bremer Piñango
17.- Edgar Jiménez
21.- Darío Figueroa
14.- Javier Gómez
(23.- Jamerson Rentería 79?)
11.- Rodrigo Prieto
(13.- Franklin Lucena 66?)
9.- Rafael Castellín
DT: Noel Sanvicente

GUADALAJARA
1.- Luis Ernesto Michel
17.- Sergio Amaury Ponce
19.- Jonny Magallón
4.- Héctor Reynoso
3.- Aarón Galindo
5.- Patricio Araujo
(21.-Jared Borgetti 49?)
7.- Gonzalo Pineda
11.- Ramón Morales
14.- Javier Hernández
(13.- Sergio Ávila 54?)
10.- Alberto Medina
27.- Carlos Ochoa
(18.-Xavier Iván Báez 62?)
DT: Efraín Flores

Árbitro: Carlos Vera (Ecuador)






El título huele a Azufre

En el Estadio Azul Toluca dio un recital de buen futbol, jugó con gran inteligencia y determinación, y hasta con cierta facilidad se impuso al Cruz Azul por 2-0

Lo que iba a ser una noche azul es hoy un rojo amanecer. Sólo en la agonía del partido, cuando el Diablo levantó el trinche del cuello de su víctima, Cruz Azul insinuó algo de peligro en el marco de Hernán Cristante y pareció capacitado para al aminorar el déficit de 0-2 que parece, a la luz de lo visto, casi irreversible.
El resto del partido fue un monólogo rojo en el que el Toluca masacró táctica, futbolística y anímicamente a un rival al que el entorno de la Final, la obligación de acabar con 11 años de sequía y sobre todo el atrevimiento de su adversario, pareció devorar penosa y velozmente.
La diferencia, tal vez mayor en el trámite del juego que en el marcador final, se gestó desde el primer segundo del juego. Toluca saltó vigoroso y convencido al campo del repleto Estadio Azul. Con la convicción de ganar la Final desde mismo silbatazo inicial el cuadro mexiquense marcó ostensible distancia de un Cruz Azul un tanto liviano que lució dispuesto a gozar de una noche festiva. Los concentrados Diablos comenzaron el juego decididos a realizar una ardua jornada laboral mientras sus rivales parecían encantados por las luces de los flashes y la algarabía de su público.
Tal vez Galindo y sus pupilos hayan pensado que su rival saldría al campo contemplativamente, a aguardar algún error ajeno o a esperar que nada ocurriera hasta el inicio del juego del domingo en su terruño. Pero no fue así.
Agresivo como el verdadero Satán, los Diablos del ?Chepo? de la Torre salieron a morder con hambre y a pegar con furor. Desde el génesis de la cita, los rojos adueñaron groseramente de la pelota y apenas a los 14? se adelantaron hasta con cierta facilidad en el marcador. Con la precisión de un cirujano plástico Antonio Naelson ?Sinha? dio un pase largo y justo a la llegada sorpresiva y solitaria del defensor central paraguayo Paulo Da Silva, que ingresando sin marca al área aprovechó el obsequio para con un cabezazo seco y colocado abrir la cuenta y silenciar a una multitud atónita.
No mermó el gol las intenciones del Toluca, que siguió empeñado a desaparecer del campo la sensación de que enfrente tenía un oponente capacitado para detenerlo.
Por eso el 2-0 llegó pronto. Un magistral tiro libre de Sergio Amaury Ponce, que hizo estéril la estirada de Yosgart Gutiérrez, puso el 2-0 a los 22?.
A pesar de la segunda cornada ?que luce mortal- Cruz Azul no reaccionó con coraje. Siguió siendo un equipo frío e inexpresivo que ni siquiera se esmeró demasiado por parecer preocupado por el resultado. Sólo en la banca, Galindo y sus auxiliares parecían descompuestos por la desventaja.
Seguramente Toluca esperaba que ese par de golpes obligaran a que su rival se desordenada en pos del empate, lo cual jamás ocurrió.
Y los Diablos, ordenados, sabios y concentrados, siguieron, aún sin la pelota, mandando en el juego y dando la sensación de no querer sentenciar la historia hasta que estuviera frente a su público y pudiera recibir la Copa.
Entonces Cruz Azul, cuyos esbozos ofensivos durante casi toda la noche fueron desbaratados con la facilidad con la que se revienta la yema de un huevo estrellado en el sartén de un cocinero inexperto, tuvo finalmente un par de llegadas de verdadera sensación de peligro; a los 87? Cristante y Dueñas se combinaron para evitar que los remates de Vela y Riveros entraran a su marco y a los 89?, un extraño remate de derecha de Jaime Lozano pasó a milímetros del ángulo superior del arco del afamado y cumplidor guardameta argentino.
Como el 2-0 se mantuvo inalterable, todo parece sentenciado. Cruz Azul necesitará varios milagros en el infierno para torcer una desventaja dura en el marcador, pero aún más sólida en el comportamiento de ambos equipos.
Al árbitro del juego, Paul Delgadillo, no hay nada que reprocharle. Tuvo un trabajo pulcro a pesar de algunas jugadas en las que fue protestado por una tribuna que tuvo pocos motivos para gritar, y entonces centró su irritación injustificadamente en el arbitraje.

FINAL / APERTURA 2008
JUEGO DE IDA
Estadio Azul de México DF
CRUZ AZUL 0-2 TOLUCA
0-1: Paulo Da Silva a los 14?
0-2: Sergio Amaury Ponce a los 22?

CRUZ AZUL
25.- Yosgart Gutiérrez
8.- Carlos Bonet
14.- Joaquín Beltrán
13.- Alejandro Castro
(32.-Emilio Hassan Viades 71?)
21.- Jaime Lozano
6.- Gerardo Torrado
7.- Christian Riveros
23.- Edgar Gerardo Lugo
(15.-Nicolás Vigneri 46?)
18.- César Villaluz
11.- Miguel Sabah
9.- Pablo Zeballos
(19.-Alejandro Vela 71?)
DT: Benjamín Galindo

TOLUCA
1.- Hernán Cristante
16.- Sergio Amaury Ponce
14.- Edgar Dueñas
3.- Paulo Da Silva
6.- Manuel De la Torre
55.- Israel López
5.- Martín Romagnoli
75.- Néstor Calderón
(21.-Diego de la Torre 67?)
10.- Antonio Naelson
11.- Carlos Esquivel
9.- Héctor Mancilla
(58.-Raúl Nava 80?)
DT: José Manuel de la Torre

Árbitro: Paul Delgadillo






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